3 de juliol de 1999

TORMENTA EN EL VALLE DE ORDESA: ASÍ EMPEZÓ TODO

Toda historia tiene un principio.
La mía con la montaña tiene su inicio en julio de 1999. No es que no hubiese ido nunca de excursión en mi vida, todo lo contrario, ya que de bien pequeño, ya me iba solo a recorrer el bosque cercano a la casa de veraneo que mis padres tenía cerca de Piera. Pero podríamos fechar esta ruta como la primera toma de contacto con las grandes montañas. El flechazo. La primera dosis de una droga que no pienso dejar...

Salimos de BCN en varios coches en dirección a Torla un nutrido grupo de amiguetes de verano (un saludo a todos ellos si alguno se deja caer por aquí alguna vez). Es curioso como perdemos el contacto poco a poco y cambiamos de etapa en nuestras vidas.
En Torla, cogemos la lanzadera hasta la Pradera de Ordesa y nos ponemos en marcha cargados como mulos en dirección al refugio de Góriz. Vamos con intención de montar las tiendas de campaña en los aledaños del refugio, pasar allí la noche y mañana regresar a casa.


Las caras sonrientes desde los primeros compases de la Senda de Cazadores, una interminable subida que culmina en el mirador de Calcilaruego, unos centenares de metros sobre el aparcamiento de la Pradera. Me he subido con las Chirucas de mi padre...


A medida que ganamos metros a la montaña, se abren vistas hacia la parte final del Valle de Ordesa, presidido en esta zona por el Tozal de Mayo, un impresionante frontón que empieza a ver como unas amenazadoras nubes se le acercan.


Seguimos nuestra infatigable marcha por las zetas del sendero.


Poco a poco va quedando muy abajo el inicio de la ruta en la Pradera de Ordesa.


Llegamos al mirador de Calcilaruego y hacemos la foto de grupo: Iñaki, Esther, yo mismo, ¿David?, Alberto, Eva, ¿Helena?, Mónica y Anchel. (Disculpad los dos con interrogante pero creo que os vi una sola vez y mi memoria falla).


Lo que hasta este punto era una magnífica mañana soleada, se fue convirtiendo en una tormentosa mañana de verano que hizo crecer enormemente las torrenteras que descendían de la Sierra de las Cutas.


Al otro lado del Cañón de Ordesa, la Cascada de Cotatuero, magníficamente cargada de agua.


No pudimos hacer otra cosa que guarecernos de la lluvia como pudimos en los salientes de las rocas. Menos mal que el aparato eléctrico no se acercó a nuestra posición. Fue más un fuerte chaparrón que una tormenta en toda regla.


Puesto que la lluvia empezaba a perder fuerza, improvisamos unos chubasqueros con los ponchos e incluso con una lona de una de las tiendas de campaña.


La moda de los 90's hizo mucho daño...


Seguimos la senda por la Faja de Pelay, que se suponía ofrecía unas magníficas vistas de las montañas del Parque Nacional. Las nubes bajas lo tapaban todo. Una pena.


Eso sí, las cataratas aparecían por doquier.


La Faja de Pelay desciende hasta los llanos de Ordesa y el cielo empezaba a despejar, al menos de nubes bajas.


Las altas cotas se dejaron ver por unos instantes: Monte Perdido a la derecha y el Cilindro de Marboré a la izquierda.
Todavía recuerdo la sensación de ver a los montañeros que descendían por las clavijas de Soaso con la roca mojada, cargados de piolet y crampones... eran héroes en nuestras cabezas.


Ya sin lluvia, deliberamos acerca de nuestras posibilidades de seguir adelante con el plan. Por votación, decidimos dejar para otra ocasión la noche en altura. Íbamos a bajar de nuevo hasta los coches, ya que íbamos bastante mojados y no había garantías de que la meteorología mejorase para la jornada siguiente.


Pero una cosa no quita la otra. Tenemos por delante un montón de atractivos que nos puede ofrecer el parque tras el chaparrón. El primero de ellos, la Cola de Caballo, quizás la catarata más famosa de Ordesa que bajaba cargadísima de agua.


Con Esther.


Con Iñaki.


Mi primera vez en Cola de Caballo... la primera de tantísimas. ¿Quien me iba a decir?



Seguimos adelante por el curso del río.


El Cañón de Ordesa nos espera.



Tuvimos que vadear ríos en numerosas ocasiones.


Las nieblas juguetonas siguen tapando en ocasiones la parte interior del Cañón de Ordesa.



No hay prisa y disfrutamos un montón del sendero.



Las siguientes cataratas que encontramos, las Gradas de Soaso.



Cuya primera catarata según se baja es la más espectacular del grupo.


Numerosos miradores permiten la contemplación del espectáculo.


Una paradita más antes de adentrarnos en el bosque.


Lo dicho, agua por todos lados.


El caudal que ha adquirido hoy el parque es inaudito


Hasta el terreno que pisamos está anegado en muchos tramos.


Dejamos atrás los miradores y nos adentramos en el hayedo de Ordesa que también esconde otras cataratas como la Cueva y el Estrecho que no podremos llegar a visitar ya que se nos echa el tiempo y la noche encima.



Finalmente, regresamos al punto de inicio. la Pradera de Ordesa. Allí volveremos a tomar el bus que nos baje a Torla. Ha sido una jornada de lo más rocambolesca teniendo en cuenta la lluvia, el cambio de planes y la inexperiencia en montaña. Ha salido bien y estamos contentos, aunque bastante cansados.


Nos da tiempo de llegar a Torla a una hora prudencial y avisar en casa de que estamos bien y de que regresamos esa misma noche aunque...


... una parte de mí se quedó enganchada en esas rocas, en esas brumas, en la visión de esas altas cumbres y como el pájaro que regresa a los mismos lugares cada año, creo que voy a volver.