30 de juny de 2002

CAMÍ DE NÚRIA

Si existe un sendero que todo caminante debe de realizar en alguna ocasión en la zona de la Vall de Núria, es la subida desde Queralbs hasta el Santuario. Se empieza cerca de la estación del cremallera.


Allí nos juntamos con Tino y Montse que se han animado a venir a acompañarnos.


En uno de los miradores.


¿Es por ahí?


El sendero sube con ganas desde el pueblo, pero permite la contemplación de bellos paisajes durante el recorrido.


El valle va quedando abajo.


En una de las curvas del camino.


El sendero se pega a la roca en numerosas ocasiones.


Poco a poco se va encajonando.


Un puente de piedra.


Abrazo.


Sobre el puente.


El torrente que baja de la presa es caudaloso en este tramo.


Dejamos atrás el puente para seguir ascendiendo.


Desde lejos se aprecia la catenaria del cremallera.


Ya se empiezan a vislumbrar las altas cimas de la Olla de Núria.


Cascada bien cargada.


Descansando en una roca.


Perfil.


Por fin llegamos al embalse artificial.


Debemos llegar a la presa y rodearla para llegar al Santuario.


Junto al agua.


Con el Santuari de Núria.


Descansamos un rato y nos llenamos el buche en la zona habilitada para merendero.


Donde Tino dejó constancia de nuestro paso...


Los 4.


Para el regreso decidimos usar el cremallera.


Montse y Tino.


Nosotros.


Y colorín colorado, este viaje ha terminado.

24 de juny de 2002

VERBENA EN ORDESA

La mejor manera de huir del mundanal ruido y sobretodo del follón que hay en épocas de verbena, es marcharse lejos, allí donde el ruido escasea. Nos vamos a la montaña, lejos de los petardos.
Antes de llegar a nuestro destino en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, hacemos una paradita en la Sierra de Guara en el paraje del Salto de Roldán.


Impresionante mirador de los buitres leonados que sobrevuelan la zona.


Se trata de unos peñascos de gran envergadura que dominan la olla de Huesca por el norte.


Hay que rodear la Peña San Miguel para acceder al Salto propiamente dicho. Cuidado con no resbalar.


Hay sendero pero el abismo acecha.


Cámaras preparadas.


Buscando enclaves fotográficos diferentes.


Hemos sobrepasado el tramo más peliagudo y podemos pararnos a disfrutar de las vistas.


Hay un espacio suficientemente amplio como para moverse tranquilamente.


Tras la visita a los buitres seguimos camino hasta Torla, donde pasaremos la noche.


Por la mañana del día de la verbena de San Juan subimos al aparcamiento de la Pradera de Ordesa donde nos preparamos.


Nos encaminaremos con unos buenos mochilones hacia el camino de la Senda de Cazadores.


Para ello hay que atravesar un puente de madera sobre el Arazas.


Río Arazas.


Nos adentramos en el bosque y pronto empiezan las primeras rampas que irán sucediéndose hasta alcanzar el mirador de Calcilaruego, muchos metros por encima.


Cascada de Cotatuero vista desde el camino.


Un descanso. llevamos mucho peso y poca prisa.


Descansando.


El Gallinero, por esas rocas discurre la Faja de las Flores.


1 + 1= 2


Aprovechamos cualquier excusa para descansar un poco...


Los metros se suceden y a punto estamos de llegar arriba.


Ya queda menos.


La recompensa son las vistas del mirador de Calcilaruego.


Tozal de Mallo desde el mirador.


Dedo, Bazillac, Brecha de Roland y Casco de Marboré.


El Cañón de Ordesa que veremos desde lo alto siguiendo la Faja de Pelay.


Abrigo para guarecerse en caso de mal tiempo.


La senda de Pelay es cómoda y muy entretenida.


¿Una siestecilla?


Seguimos adelante flanqueados por inmensos murallones.


Al fondo, las Gradas de Soaso.


Al frente, Monte Perdido.


Ganado en el valle.


Esperando.


Seguimos adelante con una sonrisa.


De repente el hambre aprieta y nos preparamos un buen tentempié.


Aunque con tanta foto... algo se ha derramado.


Finalmente, podemos ponernos a comer.


Ñam - ñam.


A lo lejos vemos la Cascada de Cola de Caballo y el Cilindro de Marboré en las alturas.


Atrás el camino recorrido.


Cansados de cargar peso, decidimos descansar un rato más antes de seguir camino.


Bajando a Cola de Caballo.


En este punto decidimos, dado el horario que llevamos, dar por terminada nuestra ruta ascendente y buscar un sitio para pernoctar.


Disfrutando de Cola de Caballo en la más absoluta soledad. Al fondo del valle, en el pueblo, se prepara la verbena.


Ensordecedor bullicio de las aguas del deshielo cayendo por la cascada.


Esperamos un buen rato a que no hubiese nadie por la zona.


A una hora prudencial nos disponemos a montar la tienda. Buscamos un lugar apartado y nos preparamos para pasar la noche.


Ultimando detalles.


Tienda montada junto a Cola de Caballo.


Con la tienda.


Tenemos nuestro hotelillo justo al fondo del valle.


Amenazadoras nubes se empiezan a cerrar sobre nuestra posición.


Nos acostamos tranquilamente, pero cuando llevamos apenas un par de horas dormidos, se desata la verbena-tormenta. Los rayos iluminan el cielo. De momento no llueve, pero decidimos recoger y largarnos al abrigo del bosque.
Descendemos entre las vacas y toros que había en el valle en el más absoluto silencio. Nos miran como miran las vacas, con esa mirada perdida.
Lo peor de todo, fue recorrer el sendero hasta la Pradera sin poder recoger agua para beber, pero oyendo el río muy cerca. No fue hasta casi el final que encontramos un lugar para saciar la sed. 
¡Qué mala sensación!


Finalmente pasamos el resto de la noche en el coche, bien servidos de agua.


Por la mañana nos desplazamos al balcón del Pirineo de San Juan de la Peña.


Monasterio.


Nubes cubren las cimas más altas, una lástima.


Mesa de orientación.


Juntos en el mirador.


San Juan de la Peña, enclavado en la roca.


El príncipe Mido d'Ossau no se esconde, es el único.


Ha sido una muy buena alternativa para huir de la música estridente y los petardos. 
Totalmente recomendable.