2 de novembre de 2003

COSTA CABIROLERA: CRÓNICA DE UN SUSTO

Salgo de casa muy temprano para llegar al Cadí mientras el sol empieza a despuntar.


Transito por la pista que me lleva al refugio del Prat d'Aguiló. Es una pista bastante potable dentro de lo que cabe.


Alcanzo la cara norte del Cadí y me doy cuenta de la cantidad de nieve que hay. He venido sin material específico, pero subestimo las condiciones de la nieve y me decido a encarar la ascensión a la Roca Punxeta o Pic de la Costa Cabirolera, el techo provincial de Barcelona.


Me preparo con lo puesto menos un botón y comienzo a caminar por la ladera de la montaña en busca de un paso sencillo.


La nieve no está dura y me permite el avance sin demasiada complicación a pesar de no llevar crampones ni piolet.


Voy ascendiendo poco a poco y el calorcito del sol derrite la capa superior de la nieve dándome una falsa sensación de seguridad al pisar.


Alcanzo el Pas dels Gosolans, tras superar una cornisa de nieve.


Rápidamente alcanzo las laderas de la cara sur del Cadí mucho más amables que la escarpada cara norte. Y corono la Punta Aguda en la Serra de Cortils. En este punto me debería de haber dado la vuelta. Regresar por donde había venido y no arriesgarme.


Pero me pudo la inexperiencia. Decidí continuar y descender hacia la Coma de Cortils, donde un mal paso me llevó a resbalar. La pérdida de la verticalidad me supone el primer susto, pero rápidamente me sobrepongo y trato de detener mi caída (que por suerte fue hacia el sur y no hacia el norte). Recorrí unos metros, desconozco cuantos, ladera abajo hasta que antes de alcanzar una velocidad imposible conseguí detenerme clavando con fuerza los bastones telescópicos entre mis piernas con el consecuente golpe. Me sentí feliz por haber conseguido detenerme a tiempo (por lo que he leído es una hazaña conseguirlo sin piolet).


Me quedé parado un buen rato analizando la situación y contemplando Montserrat desde mi posición.


Tras unos largos minutos de reflexión decidí continuar, por suerte sin ningún percance más hasta la cima de Barcelona.


Foto de cumbre en la Costa Cabirolera.


Con el vértice geodésico.


Es tarde y tengo que recorrer de nuevo todo el camino hasta el Pas de Gosolans que se ve muy lejano desde la cima.


A medida que voy regresando, un viento gélido empieza a soplar y empieza a helar la superficie de la nieve.
No sé cómo haré para descender desde Gosolans hasta el refugio, pero pronto descubro que hoy alguien está velando por mí, ya que llocalizo la reciente huella de un montañero solitario que ha bajado por ahí con crampones hace no mucho rato. Me aprovecho de su huella en la nieve para ir descendiendo poco a poco hasta la seguridad del valle.


Donde las vacas pastan tranquilamente ajenas al riesgo de las altas cimas.


Contento por haber conseguido descender sin percances graves, llamo a casa para avisar de que estoy bien y que llegaré un poco más tarde de lo indicado inicialmente.


Desde este día, la prudencia ha sido la clave para planificar cualquier salida al monte. Nunca salgo sin crampones y piolet cuando hay el más mínimo riesgo de encontrar nieve. Jamás arriesgo. Jamás me la juego. Ya tuve un susto y no quiero ninguno más.
La montaña no es traicionera, es algo frío, roca helada que no siente y que ese día me permitió seguir, pero no hay que tentar a al suerte. Soy consciente de mis errores ese día y espero poder transmitir desde aquí la necesidad de una buena planificación.
Suerte ahí fuera.


Unas imágenes de los hematomas que me gané por mi mala cabeza.