29 de gener de 2006

VISTIENDO A MORTADELO

Hace ya tiempo que elegí como mi avatar en los foros de montaña una imagen de Mortadelo (el personaje de cómic creado por Ibáñez) vestido de alpinista con su gorrito y sus crampones. La misma que da título al blog.
Hace poco me hice con una miniatura de peluche del personaje. Durante las últimas rutas ha salido conmigo vestido de agente secreto, es decir, de negro; pero eso ha cambiado ya.


Hemos puesto en marcha la imaginación y las ganas de coser y le hemos confeccionado su equipo de montaña: un forro polar verde.


Un pantalón de monte de color azul, usando tela tejana.


Y finalmente un gorro con borla verde.


Ahora sólo faltan los crampones. A ver si alguien recoge el pedido...

22 de gener de 2006

PUEYO MONDICIETO

Estoy metido de lleno en el trabajo fotográfico del libro de Ordesa que hemos empezado y no puedo perder ni un momento.
Me planto en las inmediaciones de Cuello Arenas en Ordesa antes de que las luces del alba lo tiñan todo de malva. Me he acercado aquí por la pista que sube de Nerín ganando altura rápidamente. Aparco el coche donde la nieve me permite.


Los quitanieves han llegado hasta aquí. Queda un tramo antes de llegar a Cuello Arenas.



Caras conocidas en el cartel que señala nuestra dirección.


Las primeras luces hace rato que alcanzaron al Monte Perdido y sus hermanas.


Pueyo Mondicieto, muy cerca de Cuello Gordo, sobre el Cañón de Ordesa.


Otra vista del Mondicieto, esta vez desde Cuello Gordo. Me dirijo a su cima para valorar la panorámica que ofrece.


De golpe me giro y veo LA PORTADA del libro a través del visor de la cámara. No hay duda a pesar de que acabamos de comenzar.


La nieve blanda engulle el bastón telescópico.


Pueyo Mondicieto, 2384 m.

15 de gener de 2006

La Mola en domingo

Ayer por la noche, estábamos cenand con un grupo de amigos y surgió la idea de ir de excursión algún día. Fuimos rápidos poniendo fecha, ya que hoy ya estamos en la calle Cavall Bernat de Matadepera comenzando a caminar hacia la Mola de Sant Llorenç del Munt. Ascendemos los primeros metros que son los más incómodos.


Llegamos a las inmediaciones del Cavall Bernat.


Cualquier punto es bueno para ayudarse a progresar.


A lo lejos ya vemos la cima de La Mola coronada por una antigua ermita reconvertida en restaurante.


Seguimos adelante por el conglomerado de Sant Llorenç, muy similar al de Montserrat.


La pintada no tiene desperdicio...


Poco a poco nos acercamos a los últimos tramos.


Últimos metros de ascensión antes de coronar el monte.


El lejano Montcau visto desde la Mola.


Marc, Robert, Marc y Dani en la cima de la Mola.


¿Qué os parece si desayunamos una butifarra en la ermita?...

11 de gener de 2006

Atardecer en Sant Jeroni

Es miércoles por la tarde. No espero encontrar a nadie en la montaña. Me dirijo por carretera hasta la pared norte de la montaña mágica de Montserrat. Vengo buscando luces para fotografiar y la montaña me recibe con este abanico de luz.


Me dirijo hacia la parte baja de la Canal de Sant Jeroni, por la que pretendo ascender al techo montserratino para más tarde descender por la misma canal.



El flamante Mortadelo me acompaña en nuestra primera ruta juntos. Je, je, je.


Dejo el coche en el aparcamiento situado junto a la ermita de Santa Cecília a mitad de camino ente el monasterio y la zona de Can Maçana.


La parte baja de la canal es compartida por varios senderos, pero pronto encontraré unos pasos equipados con cuerdas junto a una fuente. Trepo por la cadena, espero que al descender el tramo no esté mojado.


Sigo trepando más o menos hasta mitad de canal.


Al más puro estilo Dolomitas, dos tablones ayudan a progresar por la caótica canal.


Alcanzo la zona más alta de la canal por sendero. A mi espalda ya se adivina la cumbre de Sant Jeroni. Me encamino hacia allí antes de que caiga el sol.


Últimos escalones antes de la cima.


Rosa de vientos.


Zona de Ecos y Agulles desde la cumbre de Sant Jeroni.


Pirineos.


Sant Benet y camino al Monasterio.


Ocaso.


Foto de cima cuando el sol abandona su posición en el cielo.


Las últimas luces del día caen sobre la montaña. Debo apresurarme si no quiero bajar mucho tramo a oscuras por la canal.


Finalmente el frontal se convierte en mi fiel aliado.


Me sucede una anécdota muy bonita que quiero compartir: Estoy a mitad de la canal bajando, y siento como me invade una paz interior muy grande. Esos momentos de misticismo que se consiguen en la soledad del monte. Siento que mi abuelo, fallecido cuando yo contaba unos 5 ó 6 años de edad, está allí conmigo. No sé explicarlo, pero me sentí feliz y con ganas de llorar de alegría. Quería contarle cómo me iba en la vida, qué proyectos tenía y que me hubiese gustado tenerle allí conmigo más tiempo del que compartimos. Llego al coche y me siento en el suelo mirando al monte. No tengo prisa por marchar. Siento que cuando me monte en el coche la conexión con él desaparecerá y perderé nuestro momento. Alargo la situación un rato y me despido, no sin antes mandar un beso al cielo infinito donde él está. Desde ese día, no puedo evitar pensar en él cada vez que subo a Montserrat.

8 de gener de 2006

Raketera en Zuriza

La tarde del día de Reyes solemos pasarla en casa con la familia, pero este año es diferente, ya que se ha organizado una KDD en una borda cercana a Zuriza. Tras muchos kilómetros de carretera, un control de la benemérita y unos copos de nieve, finalmente llegamos a la borda donde nos espera un buen número de foreros de mendiak.net para cenar.
A la mañana siguiente, nos despertamos con un día gris, pero apto para raquetear un poco y trastear un poco nuestras raquetas de nieve, dígase de ellas que es el material de montaña que más veces he llevado al monte sin usarlo.


En la puerta de la borda, los primeros preparativos.


Llegamos al aparcamiento del refugio de Liza (Zuriza) donde cada uno se organiza como puede su material.


Poco a poco nos preparamos para salir mientras el gris plomizo del cielo se va cerrando sobre nosotros.


Partimos del refugio con intención de ascender a Lapakiza de Linzola dejando el Txamantxoia a nuestras espaldas.


Posando con Txamantxoia a la espalda.


El camino es totalmente apto para las raquetas de nieve. Menos mal que la KDD RAKETERA lo será por fin.


Vamos ascendiendo mientras el grupo se estira tanto que se parte en varios subgrupos.



Cada uno decide hacia donde ir, así que nosotros nos dedicamos a sacar fotos sin más pretensiones que las de disfrutar de la caminata.


Nos marcamos como objetivo una cota sin nombre que tenemos enfrente, y hacia allí nos dirigimos, Raúl, Camina y yo.


Cota conseguida!!!


Buena parte del grupo consigue alcanzar Lapakiza, pero muchos otros se quedan en el camino de subida sacando sus fotos y trasteando con sus raquetas de nieve.


Mesa de los Tres Reyes desde el collado una vez descendido el merengue al que hemos ascendido.


De regreso al refugio de Linza, nos espera una cervecita fresquita.


Juntos de nuevo, nos volvemos a reunir en la Borda de Hondarribi. Zuriñe y Carmina preparando alguno de los platos de la cena.


Superfuet traído directamente de tierras catalanas.


Disfrutando de la cena mientras en el exterior la temperatura desciende cada vez más.


Tras la cena, llega el turno a los juegos. Éste, el más divertido de todos.


A la mañana siguiente, nos proponemos subir a Txipeta, pero el día tampoco acompaña demasiado para subir mucho de cota, ya que sopla bastante aire.


Nos metemos en el bosque evitando las fuertes rachas de viento que azotan la zona.


Sorteamos algunas dificultades fuera de sendero.


Última foto antes de abandonar el bosque y su abrigo.


El viento va azotando con fuerza mientras seguimos adelante.


Se empieza a levantar la nieve en polvo que cubre las laderas.


El frío se intensifica a medida que vamos ascendiendo.


Finalmente el grupo se resigna y damos por buena la cota alcanzada evitando seguir monte arriba en busca de la cima.


Descenso vertiginoso buscando el bosque y su protección.


Un poco más abajo, la fuerza de viento amaina y podemos ver algo del paisaje que nos rodea.


El final de la KDD lo marca, como casi siempre, una buena reunión de amigos alrededor de una mesa repleta de manares antes de conducir cada uno a su casa.