28 de maig de 2006

Calor en la Serra de Llabería

Hemos pasado la noche en casa de Luís en Cambrils. He dormido genial tras llegar ayer por la tarde de la vía ferrata...
El reloj de la iglesia de Colldejou acaba de dar las 9 de la mañana. En marcha. Somos 10: Zazpi, Ester, Maño, Sergi, Anna, Joana, Luís, Carles, Carmina y yo. Vamos a hacer un recorrido circular por la Serra de Llabería.


Los primeros pasos por la carretera son criminales, ya que el calor que desprende el asfalto no es fácil de evitar. Pronto encontramos cobijo en el bosque de las laderas de la sierra. Un frondoso bosque lleno de aliagas y de moscas está atravesado por un poco transitado sendero. El sendero sube y baja a media ladera y tardamos un par de horas largas en llegar a la otra vertiente de la montaña, a escasos dos kilómetros en línea recta de Pratdip. En ese punto nos desviamos y empezamos a ascender de golpe los 500 metros de desnivel que nos quedan para coronar la sierra.




Paramos para descansar y aprovechamos un claro del bosque para degustar un pequeño almuerzo.


El camino sigue hacia arriba en dirección a unos murallones de rocas que atravesaremos medio andando medio trepando. Es la parte más entretenida y menos cansada del recorrido, y en la que podemos sacar mejores fotografías.



Llegados al Pas del Cisco, la mayoría optamos por trepar la decena de metros que nos separan de la parte superior mientras Zazpi y Sergi optan por la comodidad del camino.


Superada la trepada no tardamos más de media hora en alcanzar la cumbre de Montredon. El calor a estas horas es poco menos que sofocante.



Desde allí echamos la vista hacia el vértice que corona la cumbre de La Miranda.
El sendero recorre íntegramente la parte superior de la Serra de Llabería y nos conduce directamente hasta La Miranda. Son las tres de la tarde y estamos cansados, hambrientos y muertos de calor.



El descenso es bastante rápido hasta Colldejou. Cada uno se las apaña como puede para regresar al pueblo; primero por un empinado sendero descendente y posteriormente por los últimos casi cuatro kilómetros de pista medio asfaltada. Han sido 16 kilómetros y más de mil metros de desnivel acumulado.
Llego el primero al pueblo y lo primero que hago es meterme en el coche y conectar el aire acondicionado al máximo... No soporto el calor, estamos a 35ºC y todavía no estamos ni en junio... ¡¡qué mal pinta el verano!!

27 de maig de 2006

Via ferrata Regina

Son las 9:30 de la mañana. Hace ya tres horas que salimos de Barcelona. Estamos esperando a que llegue el resto del grupo mientras empezamos a prepararnos para el asalto a la vía ferrata Regina, situada en el término municipal de Oliana en Lleida.



El calor es sofocante. Todavía es temprano pero el sol aprieta de lo lindo mientras caminamos hacia la entrada del primer tramo de la vía.


Por fin encontramos la primera pared y los primeros peldaños de metal. Damos las últimas instrucciones a los que se estrenan en este tipo de vías, incluída mi mujer.


Poco a poco cada uno va tomando conciencia del material que lleva y se va familiarizando con él y con la técnica de progresión. Los primeros largos son verticales con algún ligero desplome bastante sencillo de superar.


Hay tramos de roca pulida equipados únicamente con cadenas en los cuales hay que tirar de brazos.


Justo antes de terminar el primer tramo de la ferrata atacamos una aguja que se desvía ligeramente del camino principal.


Tras un impresionante flanqueo con el pantano de Oliana de fondo, nos plantamos en la cumbre de la aguja donde degustamos un pequeño almuerzo para coger fuerzas para la segunda parte de la ferrata.


Descendemos por la pared de la aguja en dirección a uno de los mayores alicientes de la ferrata: un puente colgante que conecta las paredes de la aguja que acabamos de ascender con el murallón de la Serra d'Aubenç.




Son escasamente unos 10 metros sobre el vacío. El puente no se mueve demasiado, pero la sensación de inestabilidad está presente en mi cabeza a cada paso que doy debido a la amortiguación del puente. El paso es firme sobre varios cables metálicos. Vamos agarrados de un cable de seguridad que nos protege de cualquier caída. Una vez atravesado el puente nos espera una pared vertical equipada que va resiguiendo la cresta de la pared hacia arriba.


Es en este punto donde empiezo a sentirme realmente incómodo por culpa de una de las consecuencias del calor: las suelas de mis botas se deshacen por momentos y empiezo a notar todos y cada uno de los peldaños clavándose en las suelas.


Seguimos para arriba un buen tramo hasta localizar el final de la segunda parte de la ferrata. Antes del puente han abandonado Natalia y Salva; ha llegado nuestro turno. Ramón, Tocayo, Carmina y yo decidimos que ha llegado el momento de dejar la pared y descender por una de las fajas que recorre la pared de la sierra. Arriba dejamos a Miguel ángel, Alfredo, Petxu y Pep, que intentarán acabar el tercer y último tramo de la vía ferrata.


Mientras bajamos por el camino en dirección a los coches, se nos acaban las reservas de agua y empezamos a sufrir los rigores de la ola de calor que nos azota desde hace unos días. No hay nada peor que estar sediento y saber que no hay agua hasta los coches. En mi cabeza se empieza a gestar la idea de un baño en el pantano. Llegamos a los coches donde tocayo prepara una clarita fresquita a base de cerveza y limonada que llevaba en una nevera en el maletero del coche. Nos acercamos al pantano y Ramón, Tocayo y yo acabamos dentro del agua. Está fría, fría, fría y más fría todavía, pero sienta genial refrescarse tras el cansancio.


Sólo nos queda esperar a que lleguen los demás para a Organyà donde nos esperan para comer. Por cierto, las botas.....para tirar.

16 de maig de 2006

Mi amigo Bruce Springsteen

Siete y media de la mañana. En invierno todavía es de noche. Hace frío, meto mis manos en los bolsillos del anorak. Mis pies se arrastran literalmente por las calles de la ciudad de camino al colegio; hoy toca ir antes porque me han castigado. La ciudad despierta pero mis pensamientos son ajenos a todo lo que no sea la música que sale de los enormes auriculares de mi viejo walkman.


La cinta que corre en el interior del aparato está gastada de tanto usarla. es una cinta que he cogido de uno de los armarios de mi hermana mayor. En una cara tiene música de Dire Straits, Tina Turner y the Police; pero a mí me gusta la otra: contiene una selección de varias canciones de un tipo con la voz quebrada, con aspecto de camionero que canta a los marginados de la sociedad. En estos momentos es la única compañía que tengo... es mi mejor amigo.


Mi amigo viene a visitarnos a Barcelona, corre el año 1992 y mis pulmones empujan el aire hacia fuera mientras mi boca articula una sola palabra: BRUUUUUUUCE...


Son las 21:40 del 4 de julio. Ahí está con su vieja telecaster al hombro. Saluda: HOLA BARCELONA, mientras los primeros acordes de la canción "Better Days" me llevan al delirio. Es impresionante el derroche de energía de este tipo, hasta se sube por los andamios del escenario con la guitarra en la espalda. Lo mejor es ver la Plaza de toros de la Monumental totalmente iluminada a medianoche mientras él desgarra uno a uno los últimos acordes de "Born to run"... todavía se me pone la piel de gallina mientras escucho alguna grabación de ese momento.
Un año más tarde cambiamos de escenario. Esta vez el Estadi Olímpic. 50000 personas vociferando su nombre mientras Bruce saca lo mejor de sí mismo, incluso se permite el lujo de cantar en castellano una de las estrofas y el estribillo de "Across the borderline", sencillamente genial.


Mi amigo ha cambiado, han pasado los años y se ha vuelto más intimista. Esta vez nos visita con un marcado cambio de registro. Huye de los grandes estadios buscando la cercanía del público. Esta vez la tarea más difícil no es verle o conseguir un autógrafo (ya tengo mi guitarra y mi cazadora firmadas), sinó conseguir una entrada. Al final, gracias a la ayuda de mis padres, puedo cumplir mi sueño. Soy un privilegiado de los pocos que le vamos a ver en el Teatro Tívoli de Barcelona. Sólo caben 1600 personas. Sale solo y únicamente acompañado de su guitarra acústica.


Al salir se despide desde la puerta de la furgoneta que lo lleva directamente hasta el aeropuerto. Mi amigo sigue su camino. Otros le escucharán y vibrarán como yo lo he hecho esta noche.
El año 1999 es el año que más veces puedo verle, y esta vez de muy cerca...El viernes 9 de abril tiene programado el primero de los dos conciertos que piensa dar en Barcelona. Son los conciertos inaugurales de la gira que le reune con su banda de siempre la E Street Band, así que se afincan en Barcelona unos días antes. Son días de carreras en el hotel, de nervios, de faltar a clase, de ir sólo a aquéllas que pasan lista...pero vale la pena. El miércoles llega al hotel de Barcelona y el jueves se dirige al Sant Jordi para hacer el ensayo general de la gira: 21 canciones que podemos disfrutar tendidos en la hierba en los aledaños del Palau Sant Jordi. Lo mejor está por llegar...Sale del recinto y en vez de meterse directo en la furgoneta, hace caso omiso de su enorme guardaespaldas y se acerca a las decenas de fans que estamos apostados en las vallas. Nos saluda y nos da la mano a todos.
Viernes 9. Salgo corriendo de la universidad. En casa me esperan unos amigos que han venido desde Portugalete y Amorebieta para asistir a ese primer concierto...ONE, TWO, THREE, FOUR...De nuevo en la carretera.


El sábado es día de descanso, pero no para mí que sigo apostando fuerte y esta vez gano. Son las 23 h, estoy sin cenar, pero no tengo hambre. Estoy con un amigo en la puerta de un conocido restaurante de Barcelona. llevamos siguiendo a una comitiva de furgonetas negras desde hace un par de horas y finalmente éstas se han detenido en un callejón cercano a Las Ramblas. Dentro está el guardaespaldas del Jefe. Somos unos cuantos fans los que allí estamos aguantando el fresco de la noche. Se le pide al enorme gorila que hable con Bruce y le comente nuestra intención de saludarle en persona. tras unos instantes de negociación con él, accede a hablar con Bruce. Pasan unos minutos y fianlmente sale a la calle y nos indica que si dejamos que Patty, la mujer del Boss, y sus hijos marchen tranquilamente; Bruce saldrá un ratillo a charlar con nosotros. Tiemblo de emoción, no es la primera vez que le veo de cerca, pero sí será la primera vez que pueda hablar con él. Pasan unos minutos y allí está él. Viste de negro. Sale sonriente y nos saluda uno a uno. Le doy la mano y me hago una foto con él, creo que es la fotografía que más he enseñado en toda mi vida.


Hablo con Bruce un par de minutos escasos mientras me firma el último disco que ha sacado. Me pregunta mi nombre y me lo dedica. Le felicito por el concierto de anoche y se despide de mí con un apretón de manos mientras me cita para el concierto de mañana. Mi amigo y yo nos vamos de fiesta para celebrar la suerte que hemos tenido. El concierto del domingo es totalmente distinto en cuanto a repertorio pero igual de vibrante que el del viernes.


Aún me quedan dos citas con él este año: en junio vuelve a España dentro de la misma gira.


El primero de los dos conciertos es en junio en Zaragoza. El autobús nos deja enfrente de la Romareda a media hora de la apertura de puertas. Seguimos teniendo suerte, ya que la primera puerta que se abre es la del gol contrario al escenario, corro por la banda como si fuese un jugador maño, veo a cientos de personas corriendo hacia las vallas, pero tengo suerte y llego de los primeros. Estoy en primera fila y tengo una cámara de fotos. Mis amigos llegan a la par que yo y ocupamos 4 plazas enfrente del micrófono. Durante el concierto dos anécdotas: llueve un poco a mitad del show y me paso más de media hora gritando el título de una canción, "Jungleland" que nunca cantó. Cansados pero felices regresamos al autobús para llegar de madrugada a Barcelona.
Un par de días más tarde me espera otro palizón de autobús, esta vez hasta el estadio de La Peineta a las afueras de Madrid.


Llegamos un rato antes de la apertura de puertas. Todavía no sé cómo consigo situarme el tercero en la fila de registros. la cámara escondida en los pantalones. están grabando. Salgo en las noticias de A3, yo no he visto las imágenes aun a día de hoy, pero muchos amigos llamaron a casa de mis padres para comentarles que yo salía en la tele. La carrera por el césped fue de infarto, pero logré mi segunda pole position en dos días. Son las 21 horas y el griterío es ensordecedor. Bruce entra y saluda: BUENAS NOCHES MADRID. Acaba la primera canción y sigo con mis gritos de Zaragoza: "Junglelaaaaaaaand". Me mira y se ríe. ¿Me ha reconocido?, no lo sé, me gusta pensar que sí; al final cantó "Jungleland". llego a casa a las 10 de la mañana del día siguiente. ¿Cuándo será la próxima cita?.
Han pasado unos años, octubre de 2002. Esta vez me acompaña mi novia, Carmina. he cambiado las primeras filas y sus empujones por la comodidad de la grada. Pero no puedo parar de cantar y saltar. Se suceden los clásicos intercalados con los temas más nuevos, da igual el repertorio, Bruce ha vuelto y yo he vuelto a acudir a la cita...y encima lo graban para la MTV.


En 2003, Bruce vuelve a Barcelona. Esta vez regresa a los grandes estadios. De nuevo el Estadi Olímpic. Son las 20:30 horas. Los accesos a la montaña de Montjuïch están cortados. Tenemos tiempo. "Me he dejado las entradas" dice mi amigo Ángel. Se ha dejado las entradas encima de la mesa en casa. Recorro Barcelona en 15 minutos desde donde estamos hasta casa y regresamos en 10 minutos. Llego tarde, llego tarde, llego tarde...estoy de los nervios. Entramos en el recinto y justo cuando pisamos el césped Bruce da su primer guitarrazo. Hemos llegado justo a tiempo. Esta vez estamos demasiado lejos, así que decidimos subir a las gradas y disfrutar cómodamente del recital, aunque no me siento ni un solo momento. De nuevo mi amigo ha vuelto.


Pasarán un par de años hasta que pueda volver a ver a Bruce. Esta vez de nuevo en plan intimista pero ante 8000 personas, todas sentadas. El Pabelló Olímpic de Badalona ruge cuando Bruce pisa en solitario el escenario. Pide silencio a 8000 personas y nos callamos: INCREÍBLE.


Estamos sentados en la grada, bastante lejos, pero disfrutamos del concierto como nunca (nuestro primer concierto de casados). En los bises el público se levanta y me vuelvo a pegar una carrera por la cancha de baloncesto hasta alcanzar la tercera fila. Estamos en junio de 2005.
La última cita con mi amigo Bruce Springsteen tuvo lugar este pasado domingo 14.5.2006 de nuevo en Badalona. Ha venido a presentar su último disco: una apuesta folk con un grupo de músicos prácticamente desconocidos en Europa, pero que encima de un escenario sacan fuego de los instrumentos. "HOLA BARCELONA" y los primeros acordes de "John Henry" me devuelven de nuevo al planeta Springsteen de donde nunca querría salir. Estamos a medias de la tercera canción y llega Carmina. Ha trabajado hasta las 21 horas y ha cruzado Barcelona para llegar al concierto. Mi emoción es doble y casi se me saltan las lágrimas. Si no hubiese sido por Bruce, esas dos primeras canciones me hubiese sentido solo en medio de 9000 personas hasta que ha llegado Carmina.

Como cada vez que nos vemos se despide con un "FINS AVIAT", pero esta vez se ha mojado y ha dicho cuando: en otoño volverá...
Hasta entonces, amigo.

13 de maig de 2006

Via Ferrata de Les Baumes Corcades

Es sábado, la ciudad duerme mientras el sol hace su tímida aparición entre las nubes que cubren la mayor parte del cielo. Pequeñas gotas de lluvia chispean mientras conduzco hacia el punto de encuentro con Ramón y sus amigos.


El trayecto hasta Centelles es corto y enseguida nos encontramos a los pies del Puigsagordi (932 m) con el resto del grupo. Somos 10.


Hay dos vías para llegar a la cumbre: el camino normal y la vía ferrata de Les Baumes Corcades. La vía de ascenso está clara antes de salir de casa, así que no tardamos demasiado en equiparnos con el material necesario para ferratas: arnés, casco y un par de bagas con disipador de energía. La cámara tampoco puede faltar.


Somos unos cuantos, así que la progresión por los primeros largos verticales de la vía resulta bastante lenta, hecho que nos permite familiarizarnos con el material y la técnica de progresión.


Tras las primeras paredes verticales nos encontramos un pequeño claro en el bosque que nos acerca hasta una zona donde un largo flanqueo a media pared nos conduce hasta uno los mayores alicientes de la vía: un puente tibetano de 35 metros de largo.


Ese puente tiene 3 tiras de cables metálicos ancladas en la pared:
1. El cable para los pies está formado por dos sisgas metálicas unidas que permiten una segura progresión siempre y cuando vayas despacio.
2. El cable de vida: es una sisga situada a media altura donde se ancla una de las bagas que llevas en el arnés. Su función es la de agarrarte en caso de caída.
3. El cable pasamanos: además de servir para agarrarse con las manos y facilitar la progresión, también sirve para asegurarse anclando la segunda de las bagas en él.
Sólo puede haber uno en el puente, así que la espera se hace interminable.


Por fin llega mi turno: el principio no parece muy complicado, pero hay un pequeño problema: se mueve un poco. A medida que me voy acostumbrando a la manera de progresar lenta pero segura, lo que al principio era un movimiento moderado se va convirtiendo en un intenso vaivén del puente. La adrenalina corre a raudales por mi cuerpo. Sé que estoy asegurado. Si me caigo no pasa nada. El instinto te dice que te agarres del cable de vida, hecho que haría que perdieses el equilibrio y quedases suspendido a 30 metros del suelo colgando de una par de mosquetones. Las vistas desde aquí son impresionantes pero lo que más impresión da es estar aquí suspendido de estos cables. Aprieto los dientes mientras intento mantener la cabeza fría para controlar el movimiento. Una ligera flexión de piernas permite ese control, así que el avance es más rápido.


Poco a poco el intenso movimiento va cesando y me permito mirar a Pep que no ha parado de sacar fotos desde el final del puente. Han sido 7 u 8 minutos intensos, pero ha valido la pena.


Lo más duro ha pasado y nos podemos permitir unas fotos en zonas más espectaculares que peligrosas.





Cuando ya volvemos a estar todos reunidos al otro lado del puente, flanqueamos la muralla del Puigsagordi y nos acercamos hasta una pequeña explanada que da acceso a los dos últimos largos de la vía ferrata.
El último obstáculo lo encontramos en un par de tramos extraplomados:
El primero de ellos está equipado con una escalera de metal suspendida a unos 10 metros del suelo, pero que en ningún momento me supone ningún esfuerzo mental, y menos después de atravesar el puente. Al menos la escalera no se mueve...


El segundo es un tramo vertical con un resalte que a más de uno se nos hace lo suficientemente difícil de atravesar como para necesitar el seguro de una cuerda que desde arriba nos lanzan. Asegurados con esa cuerda en el mosquetón del arnés, acabamos de subir hasta el último tramo: un par de escalones y llegamos a al cumbre.


Foto de rigor y bajamos por pista hasta los coches. Nos esperan en Centelles para comer.