17 de juny de 2007

Multiaventura en els Ports

El sábado nos juntamos con unos amigos en la zona dels Ports, en Beceite (entre Teruel y Tarragona). Eran las 10:30 a.m. cuando nos dispusimos a empezar un fin de semana de multiaventura.


Lo primero que visitamos fueron Les Gúbies del parrissal, un congosto cada vez más estrecho por el que discurre el río Matarranya. Un paraje digno de contemplarse.


El sendero obligaba a cruzar en numerosas ocasiones el cauce del río intentando no meter los pies en el agua, hecho que hubiese significado ir calado el resto de la excursión...



En no pocas ocasiones, unas pasarelas a poco más de un metro del agua permitían atravesar las zonas donde el nivel del agua obligaría a mojarse para poder seguir por el camino.


Un caracol amigo de Carmina.


A mitad de cañón, nos tocó la segunda parte de la gincama particular de Joana: atravesar a nado el río para poder acceder a la zona más estrecha del cañón, allí donde las paredes verticales evitan el paso de los rayos de sol. Habilitamos unas balsas pneumáticas para las mochilas.


La temperatura del agua era muy fría, pero lo peor eran las piedras que, a pesar de ser bastante redondeadas, se clavaban en las plantas de los pies haciendo de cada paso un calvario.


Foto de grupo de los intrépidos aventureros.


Al otro lado del cañón encontramos una zona donde secarnos y comer algo antes de atacar la siguiente parte del reto.



El Pas del Romeret, equipado a modo de vía ferrata, nos daba acceso a la parte alta del cañón. Por fin una zona seca.




El siguiente eslabón de la cadena aventurera consistía en subir hasta la cumbre del Arany, pero una molesta lluvia impidió que hollaramos la cumbre, ya que una sencilla trepada en roca mojada se nos hizo demasiado peligrosa dado el estado de la roca. Ya de bajada, la lluvia cesó.


Decidimos pasar el resto de la tarde tomando cervecitas, comiendo helados y contemplando el noble deporte de la lucha de hormigas gigantes.


La noche la pasamos en un camping cercano a Horta de Sant Joan, pueblo junto al cual se alza una esbelta mole de tan sólo 749 m, Santa Bárbara de Horta.


Comenzamos a caminar pronto por la mañana para poder aprovechar al máximo las horas que nos quedaban, y poder así cumplir con la segunda jornada multiaventura.


Un corto paseo nos dejó en la arista cimera, la cual presentaba un delicado paso de unos 4 metros en el cual había que extremar precauciones para evitar un susto.


Sensacional contraluz que Alba retrató con su cámara.


Kepa, Alba, Joana, Luís, Carles, Sergi, Carmina y yo en la cumbre. El espacio era muy limitado y preferimos no movernos demasiado ni sacar demasiadas fotos.


El regreso obligaba de nuevo a atravesar la estrecha arista, esta vez de bajada.


El último reto del fin de semana fue escalar unas vías de IV y V grado en la zona dels Estrets del Riu.



Tras las duras jornadas del fin de semana hubo quien llegó a casa y se durmió sobre la cama hasta la mañana siguiente, hubo quien se quejó de agujetas, hubo quien tuvo que volar para regresar a casa, hubo quien pilló caravana y hubo quien corrió para ver terminar la liga de fútbol; pero en lo que todos coincidimos es en querer repetir experiencia. ¿Para cuando la próxima?

9 de juny de 2007

Volando en Margalef

Si una cosa he aprendido desde que hemos empezado a escalar bordillos en las diferentes escuelas de escalada que hemos visitado, es que los escaladores pasan calor, mucho calor.


El sábado 8 de junio nos plantamos a las 14 h en Margalef, una pueblecito del interior de Tarragona famoso por sus paredes verticales. Allí nos juntamos con varios amigos del foro de mendiak.net.


En las horas que pasamos allí pudimos disfrutar de las vías de escalada deportiva aprendiendo de los maestros escaladores.


Aprendimos a ir de primero en una vía. Eso tiene más gracia que seguir los pasos de alguien yendo atado de una cuerda.


También aprendí a volar, concretamente unos 4 metros. Aunque el aterrizaje fue suave, la suela de los pies de gato quedó para el arrastre.


La noche la pasamos en el refugio de montaña de Margalef, donde disfrutamos de una copiosa cena que nos preparó el cocinero del refu.


A la mañana siguiente, sin tanto calor como el sábado, atacamos otras vías distintas a las del día anterior.



A mí me pasó factura el vuelo del día anterior y no pude más que sacar una vía de primero.



Hasta Leire, la hija de Josu, se propuso escalar una vía de IV grado.


En definitiva, una cansada actividad que se vuelve asfixiante si el calor aprieta; menos mal que la buena compañía y el buen humor hacen más llevadero el calor.