31 d’agost de 2008

Vivac en el Posets

El pasado fin de semana aceptamos la proposición de Joseba y Bea para ir hasta Biadós para atacar la segunda cumbre más alta del Pirineo: el Posets de 3369 m. Nos encontramos cerca de Plan y recorrimos juntos la pista que nos llevaba hasta el refugio de Biadós. Desde allí comenzamos a caminar, siempre con nuestro objetivo del fin de semana delante. Teníamos que ascender unos 1400 metros de desnivel positivo el primer día, ya que el recorrido escogido partía del refugio y pasaba por el collado de Eriste, junto a los picos de las Forquetas. Desde allí descenderíamos al ibón de Llardaneta donde vivaquearíamos. Para el domingo el plan era ascender temprano al Posets y descender hasta el refugio por la otra vertiente de la montaña.
Partimos no demasiado temprano hacia nuestro objetivo del día.

La primera parte del recorrido cruza en diversas ocasiones el río por curiosos puentes de madera.


Pronto nos adentramos de lleno en el bosque. No lo abandonamos hasta unas horas después cuando sobrepasamos la cota 2000 m.


Poco a poco ascendemos rodeados de grandes moles de roca.

Los llanos nos dan una corta tregua antes de acometer las siguientes cuestas.

Los últimos metros antes del collado de eriste son especialmente incómodos.

Finalmente alcanzamos dicho collado. Decidimos atacar la cima de las Forquetas tras esconder las mochilas un poco, lejos de las miradas curiosas...

Una sucesión de cortas trepadas por una sencilla arista nos conducen hacia la primera de las Forquetas, la más alta.


Cumbre de la Forqueta, 3007 m. Al fondo se ve el Posets con su característico color rojizo y a su izquierda la afilada cresta que lo separa de su vecino el pico Espadas.

Diez minutos y un par de trepadas sencillas nos separan de la vecina Forqueta S.E.

Cima de la Forqueta S.E, 3004 m.

Nos entretenemos poco ya que todavía debemos descender unos 200 metros y rodear el ibón de Llardaneta a los pies de las Forquetas.

Allí pudimos escoger vivac entre los muchos que hay preparados.

Cenamos algo caliente gracias a Joseba y su hornillo.

Sobre las 21 h nos metíamos en el saco y, a pesar de que no fue una noche desapacible, sí resultó un tanto extraña: sin llegar a escuchar truenos ni ver una sola nube en el cielo tapando los miles de estrellas pudimos ver el resplandor de los relámpagos que azotaban la parte norte de la cordillera. Pude dormir seguidas 4 horas hasta la 1 a.m. Después me fui despertando en numerosas ocasiones hasta que a las 6 a.m. decidimos levantar el campamento. Partimos cuando el sol todavía no había hecho más que empezar a colorear el cielo.

Descendimos medio centenar de metros hasta localizar el camino correcto para encarar la Canal Fonda.

Entre las nubes el sol intenta pintar de malva las rocas de las montañas. Hace frío y amenazadoras nubes nos rondarán todo el día sin llegar a descargar sus aguas.

La Canal Fonda se presenta practicamente libre de nieve. Es cierto que hay un par de neveros: el más bajo es hielo horizontal y el superior es evitable por las rocas de la derecha, aunque yo decidí cramponar ya que había cargado con el peso todo el fin de semana.


Desde el collado se obtiene una magnífica vista del Diente de Llardana. Nos quedan apenas 300 metros antes de llegar a la cima del Posets.

A medio camino nos desviamos unos metros para visitar el Balcón de Niebla para rendir homenaje a Roberto e Ibán que se quedaron en la montaña, el primero hace ya tres años y el segundo hace apenas un mes. Un recuerdo para ellos y el deseo de que hagan lo posible por cuidar de todos los montañeros.


Tras el recogimiento seguimos hacia arriba buscando nuestro objetivo. Estábamos solos en el monte. Sólo vimos una pareja en toda la mañana.

Encaramos la cresta que nos ha de llevar directamente a la cima del Posets.


Posets, 3369 m (según las actualizadas mediciones que se han hecho recientemente del Pirineo por las cuales ha variado alguna que otra cota famosa, entre ellas el mismo Posets o el Monte Perdido).

A partir de aquí nos toca descender los 1800 metros de desnivel que nos separan del refugio de Biadós. Primero encaramos la entretenida arista del Posets.

Para quien no está habituado a este tipo de terreno puede hacerse un poco demasiado larga la arista, pero gracias a los consejos de Joseba pudimos recorrerla sin ningún tipo de problema.
El pasito más delicado se encuentra por debajo de la arista ya casi al final: unas lajas de piedras sueltas con un poco de patio a la izquierda.

Una vez superado este paso nos esperan las piedras, un montón de ellas.

Rodeamos el Posets y nos encontramos de frente con el corredor Jean Arlaud, un clásico de la invernales del Pirineo.

El descenso se hace muy pesado para las rodillas a pesar de que va variando el terreno que pisamos de pedregal a piedra suelta, luego sendero por bosque,luego campa y finalmente pista hasta llegar a las bordas de Biadós.

Alcanzamos el coche a las 15h con las rodillas castigadas, pero contentos por el recorrido, una circular de enmarcar.

La meteoreología se complicó a partir de ese momento pero nosotros ya estábamos lejos de las altas cimas del macizo del Posets.

24 d’agost de 2008

La leyenda de los Encantats

Si hay una montaña, en este caso dos, que puedan representar la imagen del Parc Nacional d'Aigüestortes i estany de Sant Maurici; éstas son los Encantats. Dos cimas que superan los 2700 metros. Cuenta la leyenda que dos cazadores del lugar fueron castigados y convertidos en piedra por ir a cazar isards (rebecos) cuando el resto el pueblo estaba en el oficio dominical. En definitiva y huyendo de historias para no dormir, dos montes preciosos que hemos querido visitar, aunque no haya sido fácil.

Nuestra historia comienza de madrugada el sábado 16 de agosto. Habiendo pasado una incómoda noche en el parking más cercano al parque saliendo del pueblo de Espot, vimos como las nubes cubrían el cielo de forma amenazadora. Había lluvias anunciadas para la tarde, pero estas nubes se mantenían lejos de las cimas, de momento.

Comenzamos a caminar por las pasarelas acondicionadas para minusválidos que hay a la salida del aparcamiento. Aún los rayos de sol no iluminan el bosque.

Superado el primer tramo equipado, llegamos a unas anchas campas por donde discurre una ancha pista. Echamos ojo al Encantat Xic, que se alza a nuestra izquierda desafiante mil metros por encima de nuestras cabezas.

Poco antes de llegar al Estany de Sant Maurici localizamos una curiosa ermita que tiene una fuente de agua que aprovechamos a la bajada.

Dejamos a un lado el desvío al Estany de Sant Maurici para acercarnos al refugio de Ernest Mallafré donde pedimos indicaciones. La chica que nos atendió, no parecía disponer de demasiada información, pero al menos nos supo indicar donde se iniciaba el sendero hacia los Encantats, poco más.

Fuimos ascendiendo poco a poco por el monte y pronto pudimos observar por primera vez nuestro objetivo: el gran Encantat de 2748 m.

El itinerario boscoso discurre por el valle de Monestero, primero por cómodo sendero y más tarde por canchales de rocas sueltas.

Íbamos un tanto perdidos pese a tener alguna reseña, de las pocas que habíamos encontrado en internet. No teníamos claro cual de las canales era la que nos iba a conducir hasta el Coll d'Encantats (no confundir con la enforcadura entre ambas cimas). Finalmente localizamos una canal que parecía más o menos cómoda de ascender y decidimos seguir el sendero que conducía hacia arriba.

El collado se adivinaba unos cientos de metros por encima de nuestras cabezas. Hacía frío pese a estar a mediados de agosto.

Superamos un par de trepadas sencillas pero en absoluto expuestas antes de llegar al collado d'Encantats.


Desde el collado vemos por fin que hemos acertado con la canal. Sólo nos queda un centenar de metros para coronar el Gran Encantat.

Seguimos como pudimos un sendero más o menos hitado en dirección a una clara canal herbosa en la que vimos gente rapelando.

Nos pusimos el casco, único material técnico que llevábamos siguiendo las indicaciones de las reseñas que habíamos estudiado. Caían piedras de la gente que rapelaba.

Llegamos a la altura donde acababa el rapel y preguntamos cómo estaba el asunto para subir sin cuerda (como teníamos entendido que se subía y bajaba). Nos indicaron por donde habáin subido ellos, pero no lo vimos claro y, tras deliberar tomamos la acertada decisión (como veremos más adelante) de no seguir adelante y renunciar a la cumbre.

Nos echamos una foto a 2724 m y nos dimos por satisfechos por nuestra decisión.

Al emprender el camino de regreso nos cruzamos con un grupo de gente que subía y nos pareció que cogían una pequeña canal paralela a la que habíamos cogido nosotros. De todos modos, el acierto fue total cuando empezaron a caer las primeras gotas de un chaparrón que nos pilló de lleno ya en la parte baja de la canal de acceso al bosque. De haber decidido subir hubiésemos tenido que destrepar con la roca mojada, y no era plan.

Nos hemos pasado toda la semana preguntando en foros de montaña e intentando descubrir imágenes y detalles de cómo acceder a nuestro objetivo. Parece ser que nos equivocamos al elegir la última canal de trepada, pero además no íbamos preparados adecuadamente por culpa de hacer caso de reseñas de gente que no conocemos y de las que te puedes fiar a medias ya que cada uno puede tener una visión diferente de un mismo punto. Lo que está claro es que jamás volveré a fiarme de lo que me diga ninguna reseña y seré previsor llevando más material del que, en un principio, pueda necesitar. Menos mal que no nos metimos en ningún berenjenal y supimos renunciar a tiempo: MENOS MAL.

El pasado sábado nos plantamos en un camping de la carretera de Espot y pasamos la noche allí. El domingo 24 por la mañana, un cielo despejado nos mostraba de nuevo nuestro objetivo. Teníamos claro que, si con estas condiciones no éramos capaces de subir (sol, buena temperatura, ausencia total de viento, riesgo nulo de precipitaciones,...), no lo íbamos a intentar más.

Recorrimos el sendero hasta el refugio Ernest Mallafré y sin entretenernos nos plantamos en la parte baja de la canal. Tardamos aproximadamente 3 horas en llegar al collado d'Encantats. No había allí nadie que nos pudiese indicar, por lo que empezamos a subir cautelosamente intentando no perder los hitos.

Las primeras trepadas aún sin asegurar nos ponen rápidamente atentos.

Estudiamos detenidamente el monte y localizamos un posible paso a la otra vertiente de la cresta. Efectivamente, allí estaba, sobre una roca un minúsculo hito nos ponía en el buen camino. Fue en ese punto cuando decidimos no arriesgar en absoluto, ya que el precipicio hacia el otro lado es de unos 500 metros hasta el sendero de subida y el refugio.

Decidimos que intentaríamos evitar el paso más expuesto trepando por una roca con buenos agarres. Le doy una valoración de grado II con algún paso aislado de III hasta la antecima. Subí primero unos 15 metros aproximadamente mientras Carmina me aseguraba desde abajo. todo muy despacio y asegurando cada mano y cada pie sin prisa. Estábamos solos y podíamos disfrutar de nuestros humildes conocimientos de escalada aplicándolos sin presión.

Carmina subió detrás de mí una vez yo hube montado una improvisada reunión desde donde podía todavía indicarle por donde había subido yo.

Una vez juntos de nuevo, repetimos el proceso. Yo subo primero otro largo de unos 15 metros aproximadamente hasta localizar un buril de los de antaño con un mallón (conocíamos su existencia gracias al grupo que encontramos rapelando la semana anterior). Monté una segunda reunión y Carmina siguió mis pasos hasta la antecima.

Sólo nos quedaba caminar por una cómoda arista de unos 25 metros de largo hasta la cima.

Por fin, objetivo cumplido: estamos en la cima del Gran Encantat a 2748 m, y solos.

No pasamos demasiado rato en la cima ya que teníamos un poco de prisa y queríamos tener tiempo suficiente para descender tranquilos, igual que habíamos subido. Monté un primer rapel en el buril y rapelé unos 25 metros por la canal paralela a la que habíamos ascendido. Localicé un segundo punto de rapel y allí me detuve.

Carmina esperando su turno para rapelar.

Parte más vertical del primer rapel.

Montamos un segundo rapel y Carmina descendió primero. Ahí voy yo en el que me pareció el rapel más bonito.

Decidimos montar un tercer rapel para no tener que destrepar los últimos 15 metros hasta el camino.

Ya en el sendero, poco a poco fuimos desandando y destrepando por terreno más sencillo hasta el collado d'Encantats.

Nos esperaba el inmenso pedregal de la canal. Fuimos descendiendo despacio, sin prisa comentando la felicidad que teníamos de haber superado nuestro reto.

Un bocadillo y una hora y pico más tarde llegábamos por el bosque hasta el refugio.

Una foto antes de perder de vista a los Encantats. Se hace tarde y hay que regresar a casa por lo que apretamos el paso. Sólo paramos en la fuente de la ermita para beber agua.

En definitiva, podemos afirmar que ésta ha sido una de las ascensiones técnicamente más complicadas que hemos afrontado y estamos orgullosos de haber podido coronar la cima del Gran Encantat. Habrá quien piense que llevamos demasiado material y que este monte se puede hacer sin nada. Quizás sea cierto, pero para nosotros ha sido más sencillo de afrontar psicológicamente llevando el material que hemos creído necesario para poder disfrutar la ascensión sin exponernos más de lo debido. Además me alegro de haber estado allí solos y no haber entorpedido a nadie que quisiera subir o bajar de otro modo que no fuese el nuestro. De esta manera, todos contentos. Para terminar, un consejo: llevad cuerda, casco y demás material si quereis afrontar la ascensión con garantías.