16 de novembre de 2008

Torb en Ulldeter

Tras dos meses alejados de la montaña en cualquiera de sus múltiples facetas, hemos podido, por fin, este fin de semana acercarnos de nuevo a pisar los caminos que, tras las copiosas nevadas de octubre, se encuentran cubiertos por el manto blanco clásico de la temporada invernal. Las previsiones definían la jornada dominical como ESPLÉNDIDA, y así lo fue... Pese a la buena previsión meteorológica para el domingo, comentaban que en la zona del Cap de Creus soplarían para el domingo rachas de Tramuntana de hasta 70 km/h, hecho que nos hizo sospechar que quizás nos encontraríamos con viento en las cimas pese a no haber ningún tipo de alerta.
Cuando ese viento es lo suficientemente potente, puede generar un fenómeno conocido como TORB, hace un par de años lo había visto en Vallter; ese día, no pude ni bajarme del coche. El domingo lo pudimos sentir de cerca...


El TORB (Ventisca en Catalunya) es una de las situaciones meteorológicas más peligrosas con que se puede encontrar una persona. Se trata de un viento fuerte que arrastra nieve en suspensión, que además de la sensación de frío hace que disminuya la visibilidad que puede alcanzar varios metros de espesor. La nieve acumulada en las cimas se va desplazando como olas de nieve a sotavento de la montaña generando remolinos nevosos.

Se da en invierno y en zonas de montaña donde haya nieve y su peligrosidad se subestima ya que puede presentarse en un dia soleado y radiante. Suele presentarse con la llegada de frentes fríos de norte y noroeste, con tiempo despejado, cuando el anticiclón de las Azores desplaza la borrasca hacia el golfo de León y se incremente el gradiente bárico sobre los Pirineos.

El viento, la nieve y las temperaturas bajas son un cóctel explosivo para el mantenimiento de la temperatura corporal del ser humano. Hay que prestar especial atención a las alertas que los servicios meteorológicos dan en relación al viento en montaña y ser muy prudentes.


Fuente del texto: Manual de Meteorología de Carles Garcia Sellés y Francesc Vilar Bonet.

Llegamos al aparcamiento de la estación de Vallter2000 sobre las 9:30h y decidimos cargar con todo el material ya que desconocíamos el estado en el que íbamos a encontrar la nieve. Nuestro objetivo: el Grà de Fajol, un elegante monte que se yergue orgulloso en uno de los extremos del Circo de Ulldeter. Lo teníamos pendiente de subir en condiciones invernales y no nos decepcionó en absoluto.

Enseguida la nieve empezó a cubrir los senderos y una amplia traza helada recorría la montaña. Pronto decidimos calzarnos los crampones y evitar resbalones innecesarios aun en zonas poco expuestas. Las raquetas quedarían para otra ocasión. A decir verdad he cargado a la espalda las raquetas en más ocasiones que las que las he podido llevar puestas... en fin, otra vez será.

En poco más de 20 minutos alcanzamos el refugio de Ulldeter, donde varios grupos de montañeros iban y venía en busca de aventuras. Muchos seguían la misma ruta que nosotros en dirección al Bastiments mientras otros jugaban con la nieve o incluso practicaban paradas de seguridad en la nieve. Es ésta una buena zona para disfrutar de la nieve en familia.

Dejamos atrás el refugio y, con las montañas del Ripollés como telón de fondo, encaminamos nuestros pasos por una nieve transformada hacia los llanos de Ulldeter, allí donde el río de la capital gironina tiene su nacimiento.

Buena zona para raquetear con el inconfundible Bastiments presidiendo el circo desde la lejanía. A decir verdad, disfrutamos de la zona de un modo inusual, ya que en pleno invierno, cuando las instalaciones de la estación de sky están a pleno rendimiento, la tranquilidad no está tan garantizada, al menos en las cotas bajas.

Poco a poco nos fuimos acercando al Coll de la Marrana, donde cruzamos saludos con gran numero de montañeros que, curiosamente, iban y venían del Bastiments. Poca gente al Grà de Fajol.

Una vez en la parte alta del collado, la sensación térmica cambió bruscamente. Un fuerte viento del norte nos dio la bienvenida. Eran las 12 del mediodía de un día radiante, pero la sensación de frío sólo desaparecía estando en movimiento, así que seguimos adelante por las empinadas rampas que acceden al Gra de Fajol.

A medida que ascendíamos, el viento iba arreciando y levantaba tímidamente la nieve poco cohesionada. Lo peor estaba aún por llegar.

Una vez en la antecima descubrimos que allí el viento no había empezado a soplar, como nos habían indicado varios montañeros que descendían de la cima cuando nosotros estábamos en mitad de la ladera, por lo que decidimos coronar la montaña.

Insólita imagen de noviembre en un Pirineu tristemente azotado por las poco frecuentes precipitaciones de nieve de los últimos años, esperemos que haya cambiado la racha para este invierno. Desde la arista se puede ver el Torreneules y al fondo el Puigmal.

En la cima , sin nada de viento a las 13 h.

Nos permitimos el lujo de tomarnos un té calentito disfrutando de la soleada y solitaria cima mientras decenas de montañeros preferían el gigante vecino, Bastiments.

Al descender, el viento volvió a tomar protagonismo hasta tal punto que, a unos 50 metros del Coll de la Marrana, las rachas superaban con creces la fuerza del viento que habíamos tenido durante toda la mañana. Grandes olas de nieve flotaban en el ambiente golpeando nuestros rostros. La dificultad de mantenerse en pie era notable, hasta el punto de tener que agacharnos, clavar el piolet y las puntas de los crampones en la nieve y esperar una tregua por parte de ese viento helador. Poco a poco iba creciendo de intensidad por lo que urgía salir de allí rápidamente.

Finalmente, no sin poco esfuerzo, alcanzamos la parte baja del collado y allí el viento cesó. Decenas de montañeros nos reunimos allí para descansar de tan intensos momentos. Un vistazo hacia arriba nos permitía observar los efectos del viento sobre la nieve en el collado.

Si la nieve no hubiese tenido la consistencia que presentaba y hubiese habido nieve no cohesionada caída las últimas horas o días, quizás hubiéramos tenido mayores problemas de visibilidad. Fue una suerte, ya que no esperábamos algo tan repentino y peligroso a la vez. Por ello hay que tener cuidado y aprender de las señales que la montaña nos da, aunque a veces, el mal no avisa. Tened cuidado, que el invierno ha vuelto, disfrutémoslo todos y, sobretodo, regresemos a casa.