29 de setembre de 2010

Puigmal con Irene a la espalda

Aprovechando las buenas previsiones de tiempo que daban para el día 29 de septiembre, hemos acometido la ascensión del coloso de la Cerdanya catalana: el Puigmal esperaba paciente a una de las más jóvenes montañeras que habrán pisado jamás su cumbre.
Hemos esperado 3 semanas desde que decidimos hacer esta ruta para asegurar la meteorología al 500%. Tanto las previsiones catalanas, como del resto de España; así como las francesas y alemanas coincidían en preveer una jornada soleada para el miércoles, así que allí nos plantamos a las 8:30h de la mañana en Queralbs y nos preparamos para la ascensión.

El collado de Fontalba es nuestro punto de partida. Sólo nos separan unos 900 metros de desnivel hasta la cima del Puigmal. Hay muchas ganas de empezar a caminar y ver si seremos capaces de completar la ruta teniendo en cuenta las condiciones tan especiales que rodean la ascensión de hoy; ya que tengo el privilegio y el orgullo de llevar la mochila más bonita y preciada que podría imaginar: Irene.

Comenzamos a caminar poco después de las 9 de la mañana. Nos acompañan Vanesa y Conchi, para quienes la ascensión de hoy es su estreno en los Pirineos, aunque ya tienen cierta experiencia en otras montañas tanto en Catalunya como en la Comunitat Valenciana.

Los primeros 300 metros los atacamos tranquilamente, reservando fuerzas para más adelante. Irene se ha dormido nada más cargarla en la mochila; supongo que la cantidad de ropa de abrigo que lleva le proporciona un calorcillo adicional lejos del fresco matinal que nos acompaña a los demás, unos 8ºC; y eso la ayuda a dormirse.

Poco a poco vamos ascendiendo los 350 metros que nos separan del Cim de la Dou. En ese tramo del camino perdemos de vista el Puigmal, pero sabemos que pronto lo podremos ver de nuevo y su presencia nos acompañará el resto de la ruta.

En las inmediaciones del Cim de la Dou decidimos resguardarnos un poco del viento que se ha girado al llegar al collado y preparar algo de desayuno.

Cada uno pide su parte del desayuno excepto la más pequeña que sigue dormida en la espalda de papi.

Una paradita de media hora para recuperar las fuerzas nos prepara para atacar la segunda parte de la ascensión. No vamos ni mucho menos solos pese a tratarse de un día entre semana.

Un respiro a resguardo del viento antes de subir por la pala más empinada de toda la ruta.

Foto de grupo con la cima del Puigmal ya a la vista en la parte izquierda de la imagen.

Acercándonos a la parte más empinada de la ruta.

Es curioso como, al proteger a Irene del viento, la pequeña quedaba escondida de miradas curiosas además de que ella podía disfrutar de su microclima a cubierto del viento que se giró una vez superados los 2500 metros. Un vistazo al camino recorrido y al resto del grupo que nos sigue de cerca.

Superada esa empinada parte del sendero, un falso llano nos permite reponer fuerzas para llegar en grupo al punto culminante de la ascensión.

Una paradita técnica a escasos metros de la cima para dar de comer a Irene que ya pide su toma. Nos hizo ilusión encontrar montado el mismo vivac donde dormimos Carmina, Kira y yo hace justo un año.

Carmina e Irene con la cruz de cima a la espalda.

Irene iba de estreno con su abrigo polar con cortavientos. Le va un poco grande pero así nos servirá para otras ocasiones...

¡¡¡Que alguien recoja las babas.....!!!!!

Foto familiar de la pequeña de casa y sus orgullosos papis.

Foto de cima a 2913 metros.

Y para que nadie diga que la niña subió sin pisar el monte, aquí está la prueba de que sí pisó el suelo. Aclaración: evidentemente, con tres meses y medio, la niña no camina todavía.

Fueron unas 3 horas y media de subida, con paradas; y unas dos horas de tranquilo descenso que Irene volvió a aprovechar para echarse una siesta bien merecida tras su primer pico en Pirineos.

26 de setembre de 2010

Castillo de Montclús

El castillo de Montclús, también conocido como el castillo de los Moros, se encuentra a la izquierda del río Tordera, en un lugar aparentemente hundido, rodeado de unas ruinas de una antigua población ibérica y un llano de eucaliptos. Se encuentra dentro del término de Sant Esteve de Palautordera, casi tocando con un curioso entrante del término de Fogars de Monclús.
En la época medieval, el castillo estaba estratégicamente situado para la defensa. Su origen parece ser a finales del siglo XI pero no tuvo ninguna importancia histórica hasta el siglo XIII cuando fue la residencia de los antiguos "senyors de les Agudes-Montseny" cuando abandonaron los antiguos castillos de las Agudes y Miravalls.

El pasado domingo 26 nos decidimos a visitarlo. La ruta parte de las inmediaciones de una hípica cercana a la masia de Can Marc. De allí parte una pista medio asfaltada que se dirige a la Tordera.

Para cruzar el río, un par de senderos hechos con piedras permiten hacer un poco el malabarista. Hay evitar caerse y remojarse las botas.

El sendero discurre entre bosques por una pista forestal.

Pronto las pistas se convierten en caminos bajo la sombra de las encinas.

Una grata sorpresa nos espera al llegar a un bosque de eucaliptos que nos sorprende con una paisaje al que o estamos acostumbrados.

Una vez superado el llano de eucaliptos, alcanzamos las zonas de la muralla exterior del castillo de Montclús.

La muralla exterior y la torre de vigía se mantienen intactas y son de lo más estéticas.

Para visitar la parte interiior del castillo hay que subir por una escalera metálica situada en la parte trasera del torreón.

Una vez visitado el interior, nos damos una vuelta por la parte exterior y descubrimos la entrada secreta de los pasadizos.

En definitiva una buena ruta para hacer con chavales pequeños. Tranquilamente en una hora y cuarto se sube y se baja, así que se puede aprovechar la ruta para subirse el bocadillo y comer en el castillo.

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Una semana después volvimos al Castillo de Montclús acompañados de Jaime, Reme y Jaume.

Juntos ascendimos hasta arriba desde Can Marc corroborando que es una ruta ideal para ir con peques.

Imágenes de la parte interna del castillo.

Al bajar los dos peques disfrutaron de un agradable descenso a lomos de sus mamis.

Quienes incluso les ayudaron a cruzar el río.

11 de setembre de 2010

Penyes Altes i Moixeró

El sábado pasado de madrugada me cogí los bártulos, la perra y el coche y me dirigí a Bagá, de donde parte la carretera de Coll de Pal. Antes de llegar al paso bajo la carretera C16, un pequeño aparcamiento a mano izquierda me sitúa en el punto de inicio de la ruta de hoy.
Mientras me desperezo y desayuno algo, aparece un 4x4 y de él se baja Joan, que se ha presentado de sorpresa. Genial, me irá bien charlar con alguien durante la larga jornada que se prepara ante nosotros.
Aprovecho esta imagen sacada de internet para ilustrar un poco lo que se ve desde el camino (1km) que sale de la carretera hacia el pueblecito de Grèixer.

Partimos del pueblo dirección al GR pero pronto localizamos un desvío que nos introduce de lleno en el camino.

La Canal de la Serp nos espera: un largo y empinado camino que remonta un boscoso barranco que nos acercará hasta el Coll de Raset.

Luces y sombras jugueteando con el sol en el interior del bosque.

Un sinfín de zetas nos permiten ganar altura rápidamente por el bosque. El desnivel es importante.

Un pequeño descanso para contemplar los magníficos árboles que nos rodean.

Tras un buen rato conseguimos superar las máximas dificultades de la Canal de la Serp y volvemos a tener vistas hacia el sur. Una pequeña calima nos dificulta disfrutar totalmente de ellas.

Hay que ir bien preparado ya que no hay agua en todo este tramo y casi en el collado es donde encontramos una fuente de agua. Kira lo agradece.

Últimos metros antes del collado. Un rebaño de vacas nos espera con sus ruidosos cencerros. Decidimos reposar un rato y dar buena cuenta de las viandas que cada uno trae.

Nos quedan escasamente 250 metros de desnivel. Las magníficas vistas permiten ver los rasos de Peguera, la Serra d'Ensija, el Pedraforca, el Cadí y en primer plano el Puig Cubell y el Moixeró, que más tarde hollaremos.

GR sin dificultades más allá que sortear "minas" de vaca. Únicamente un corto tramo de trepada que se supera con un poco de ánimos y unos trocitos de queso como premio.

La cima principal de les Penyes Altes marca el punto de unión entre Barcelona, Lleida y Girona. El vértice está en el suelo...

Foto de cumbre en Penyes Altes. 2279 m.

Mientras Joan se dedica a hacer una panorámica, me encamino a la cercana cumbre gemela para observar las vistas hacia el este.

Sí foto, sí cima. 2276 m.

Tossa d'Alp desde la segunda cima.

Pedraforca y Cadí al fondo. Penyes Altes detrás de Kira.

El Pedraforca, presente durante toda la ruta.

Destrepado el punto conflictivo, llegamos de nuevo al Coll de Raset donde unas vacas han ocupado el camino que lleva al Puig Cubell.

Una pano de Les Penyes Altes.

Puig Cubell. 2092 m.

Descanso en la cima.

Siguiente parada y última: el Pic de Moixeró.

Caminando hacia Moixeró. Cuidado con las vallas electrificadas, que están bien conectadas.

Cartelito en la cima.

Foto de cumbre en Moixeró. 2091 m.

Curiosa manera de subir al monte y de bajarlo. No conseguimos ver si llevaban calzado adecuado para la actividad... y el fresquito tampoco era como para sacar el pajarillo a ventilar, pero para gustos los colores.

Hay que descender entonces hacia el Coll de Moixeró, cerquita hay una fuente de agua potable con canalización.

No hay que coger el sendero que va al refugio. El camino correcto se adivina desde el collado y se localiza unos metros más abajo con tendencia a la izquierda.

Importante localizar este picacho y superar el colladín entre él y el Moixeró.

El sendero hacia les Roques Negres se adivina entre el bosque.

Camino empinado muy cansado para las rodillas.

Un gran hito marca el buen camino.

El Dragón de Gaudí en el Parc Güell de BCN es similar a esta roca.

Botas y uñas para descender entre rocas.

Finalmente localizamos el punto de unión del sendero del bosque, marcado con pintura roja, con la pista GR que nos llevará de nuevo al pueblo. Magníficas vistas de la cara sur de la Serra de Moixeró. Podemos observar gran parte de la ruta recorrida.

La pista nos acerca finalmente al pueblo de Grèixer y desde allí en unos 15 minutos al coche.

Han sido unos 16 km y 1344 metros de desnivel acumulado en un total de 9 horas de marcha con amplias paradas para fotos, agua y comida.