15 de març de 2014

TARTA GUITARRA FENDER TELECASTER

De momento, el único que quedaba sin tener su tarta de fondant era yo. En realidad, siempre he sido yo mismo quien no he querido una tarta de este tipo, ya que conozco de primera mano el trabajo y dedicación que requiere.
En la clandestinidad, Carmina y los peques han trabajado para regalarme una para mi cumpleaños.
La idea inicial era la de hacer una guitarra. 
El modelo elegido, una Fender Telecaster modelo American '52.


Lo primero era planificar bien el diseño.


Un buen bizcocho nos servirá para trabajar.


Es evidente que habrá que cortarlo para poder luego ensamblar las partes.


Empieza el corte.


Un puzzle de dos piezas.


La base del pastel ya está lista.


Sólo falta rellenarla con mermelada de fresa.


Barniz sobre el pastel para una buena adherencia del fondant.


Aprovechamos el diseño en papel para empezar a trabajar el fondant, bien extendido.


Cobertura de la guitarra en blanco.


Para el color se han hecho varias pruebas con distintos tintes mezclados con algo de licor.


Parece que vamos bien.


Finalmente el color elegido es muy similar a la madera original.


Comenzamos a decorar con los elementos que distinguirán la guitarra: el golpeador negro con sus tornillos, los botones de control de volumen...


Añadiendo las pastillas de sonido y el puente.


Y todos y cada uno de los trastes de la guitarra.


Para los detalles del clavijero, además del fondant, se ha usado tinta comestible.


El resultado final.


Sólo falta ponerle las cuerdas a la guitarra.


Cuerdas listas para ser tensadas.


Una a una se colocarán sobre el mástil.


El resultado final es espectacular, no de 5 sino de 6 estrellas.


Los matices del color simulando la madera sorprenden a la vista por lo reales que parecen.




Detalle de los controles de volumen y las pastillas.



Clavijero terminado.



El puente de donde salen las cuerdas.



Vista desde arriba.


Nos acercamos al cuerpo de la guitarra.



La sorpresa a punto de ser entregada.



¡FELIZ 38 CUMPLEAÑOS!


Muy contento con la sorpresa que con tanto amor y cariño me ha preparado Carmina con los pequeños. 
Muchas gracias.



Detalle del corte del pastel.


Y hasta aquí la historia, ya que la tarta se ha terminado.




14 de març de 2014

Vía ferrata de la Cala del Molí

La Cala del Molí ha estado cerrada durante unos cuantos años y el pasado año 2013 fue reequipada por Albert Gironès y reabierta al público. Se trata de la única vía de este tipo que discurre al lado del mar.
Muchas gracias a quien ha hecho posible que podamos realizar este recorrido.



Para llegar a la vía ferrata hay que acercarse a Sant Feliu de Guíxols en la Costa Brava. Una vez allí hay que localizar el Mirador de les Triadores, donde dejaremos el coche y nos equiparemos.


Casi cinco años han pasado desde la última vez que compartimos Carmina y yo una vía ferrata. Y más de seis años desde que lo hicimos solos, sin compañía de nadie.
Ya era hora de poder realizar una vía los dos juntos como antaño.


Seguimos el sendero descendente que baja a la Cala Ametller para desviarnos unos metros más abajo hacia la derecha en busca de la vía ferrata. Todo nuevo y bien indicado.


El primer tramo es un empinado sendero equipado con cable de vida que desciende hacia el mar.


Las gaviotas amenizan la vía con su banda sonora.


Descendiendo por los acantilados.



Pronto llegaremos al inicio de la vía propiamente dicho. Vemos gente, pero curiosamente no hay nadie más en toda la vía, así que los diferentes grupos nos dejamos suficiente espacio para el disfrute. 


El primer tramo recorre los peñascos del Blanch en una travesía bastante cómoda, que nos permite volver a tomar contacto con el material.



Pese a la sencillez del tramo, hay algún punto que desploma ligeramente.


Rodeando el acantilado, descubrimos el primer puente.


Se trata simplemente de un tronco que nos acerca al primer nepalí de la ruta.


El nepalí nos deja suspendidos sobre el mar.


Llego al otro lado sin apenas esfuerzo. 


Las olas que rompen con fuerza en la Costa Brava



Es el turno de Carmina que recorre el nepalí.


Seguimos adelante disfrutando del muy bien equipado recorrido.



Rodeando los peñascos de Blanch, alcanzamos la Cala del Molí, que da nombre a la vía ferrata.


En uno de los múltiples cambios de pared que existen.



Un niño (de unos 8-10 años) recorriendo la vía ferrata bajo la atenta mirada de su padre, quien le va indicando en cada momento las mejores opciones que tiene.
FÉLICITACIONS.


Cala del Molí con el recorrido ya realizado a la espalda de Carmina y lo que nos queda por recorrer a la izquierda de la imagen.



¿Qué se ve desde lo alto del puente si miras abajo?


Otro de los puentes antes de llegar a la ruta de escape.


Donde ya he llegado hace un rato.


Dejamos atrás el desvío y seguimos adelante.


Detalle de la roca.


Atrás dejamos el primer tramo de la vía ferrata, el más sencillo.


Nos metemos de lleno en el segundo tramo, más atlético y entretenido.



Por delante nos espera un corto tramo desplomado.


Gestionando el desplome. 
El secreto es no tirar de brazos, sino fiarse de las piernas, como en la escalada.



Un vistazo al patio.


Cortas repisas para los pies. En otros tramos no hay ni eso.


Superado el tramo más complicado, me detengo a disfrutar de las vistas desde lo alto.


Es el turno de Carmina que viene con ganas.



Travesía ligeramente desplomada antes de llegar al punto clave.


Es el momento de apretar un poco y a por él.


Superadas las dificultades.


Gaviotas de paseo.


Rodeamos la salida de la Cala del Molí.



Nos adentramos en la encajonada entrada de Es Fijorn, donde está el tramo en construcción que bajará a tocar el agua, todo un reto para el futuro.


Descansando en Es Fijorn.


Allí haremos otro cambio de pared y transitaremos por el último puente.


Caminando sobre las fauces del mar.


Atravesando el puente.


El recorrido desciende unos metros para rodear de nuevo la roca.



Las gaviotas a lo suyo.


Abandonamos la zona de Es Fijorn.


Vistas hacia el mar.


No quisiera estar aquí un día en que el mar muestre su bravura.


Nos adentramos en la Cala Alga, última de las zonas que visita la vía.


La cómoda travesía termina en una zona muy bella en que hay que rodear una pared ligeramente desplomada a la salida.


Una cadena recorre la pared de la Cala Alga practicamente en su totalidad.



En la pared de la Cala Alga.



Un último tramo más agreste está equipado con cadenas.


Pinos y cadenas.


Es hora de ir terminando, ¿verdad?


Esperando al final de la ruta. A mi espalda se intuye el camino que nos llevará al punto de inicio.



Juntos.


Sendero ascendente algo empinado y lleno de raíces.


Se acabó la parte arriesgada de la ruta.



Felices de haber conseguido llegar al final en la mejor compañía.


Antes de regresar, nos hemos paseado un rato para contemplar el paraje de la Cala Ametller y tomar un tentempié.


Cala Ametller.


Foto finish con la Costa Brava a nuestras espaldas.


Hemos regresado al coche para comprobar que estamos solos en la zona.
Hemos acertado con el día, ya que en fin de semana la vía se convierte en un hormiguero y quizás no se pueda disfrutar tanto.



Croquis sobre ortofoto de la ruta.


Por último, queremos agradecer a Rafa y Carmen el haberse encargado de cuidar de Iván y de recoger a Irene en el cole permitiéndonos esta breve escapada ferratera.
Un beso a los dos.